BLA BLA

jueves, 4 de febrero de 2016

He escrito tanto sobre nosotras, en prosa y verso, en diálogo en otro idioma. Han pasado más de siete años donde hemos sabido y entendido que nosotras vivimos del amor, y pese a yo no estar de acuerdo con eso, lo he aceptado con cada letra. Después de todo lo que nos ha pasado, te he dejado ir.Pero miento al decir que lo hice sola, porque, ya que como muchas circunstancias, el primer paso lo diste tú. Denante pensaba en todas las palabras que recorrieron nuestra vida juntas, en todos los lugares que hemos visto pasar en nuestras vidas, a las personas, los momentos,en todo.Y llegué a la misma conclusión que me dijiste el otro día: Anteséramos más felices, no sé, si es porque éramos más niñas, no lo creo, pero había una esperanza que ya agotó nuestra paciencia. Tú con la ilusión de verme otra, una mujer en todo sentido Yo con la añoranza de entenderte. Quiero que sepas que anoche fue el momento más doloroso que nos ha tocado vivir juntas y ambas sabíamos que no podía detenerte, yo debía dejar que te fueras, yo estoy bien sola, tu estaras bien, necesitamos sanar, y la verdad no sé qué pasará después pero sabemos que como el dujo de infancia decía, tu y yo para siempre. Te amo Vale

miércoles, 10 de abril de 2013

Había escrito algo, pero lo borré.

martes, 4 de septiembre de 2012




“Aquí ya no hay nadie”, dijo por última vez. Siguió por un sendero tardío en el espacio con criaturas de diversas formas y reflejos,  que dormían sin pestañar, y sucedían solo con las añoranzas más profundas de aquella soledad que la invadían hasta lo más profundo.
Mientras avanzaba, dejaba su reloj gris-azulenco de números que por lógica se podían deducir,  y que en tiempos incómodos, Ryan se lo había obsequiado. No necesitaba sus horas, no necesitaba dependencias, sino dejarse tomar por la naturaleza que la llevaba a sus exasperantes convicciones.

Estela produjo la mirada al escenario donde su cuerpo la estaba metiendo, no había luminosidad, no había árboles ni caminos de tierra, no había personas ni casas vecinas, tal como ella quería, así, y de esta forma, volvía a caer en sus memorias. Sus ropas floreadas y abundantes, hechas por el modelo señorial de su madre, y ahogadas en sus recuerdos, terminaron por impedir que se moviera, obligándola a dejar de respirar, y dejándola a expensas del tacto y el mar.

“Vida, la vida misma sin cara”, susurraban sus lágrimas bañadas de coral. “No hay vuelta atrás, Ryan”, sentía cuando cerraba sus ojos.  Apartaba sus sesenta y cinco lejos de la masa, del aguante y de la adaptación,  estuvo siempre lista, sin embargo, un oleaje tosco le prohibía seguir en su realidad. De pronto, sentía su cuerpo como un bulto que era llevado por una fuerza extravagante. Estela comienza a  elevarse y es cargada al otro lado del sendero. Su rostro cobraba respiración y sus ropas pesaban el doble, apenas abría los ojos, y notaba que es halada hacia la orilla. No era más que William, el perro anciano de Ryan, que siempre estuvo a disposición de su amo y Estela. Aquel can dejaba a la mujer acostada en medio de la arena, mientras que ella pensaba en las insistencias absurdas de su marido, quien que le exigía permanecer por todos esos años de convivencia.

“Ryan, miserable,” pronunciaba su voz húmeda, y miraba al can como a un delincuente. Se sentía fracasada como nunca. Por su parte, William trataba de animarla y tironeaba de sus ropas para llevarla de regreso a la prisión de Estela, aquella jaula en que vio por última vez el amor de su marido.

martes, 17 de julio de 2012

Puta la hueá, sí la hueá , LA MISMA HUEÁ que cumple todo.
Chao.

domingo, 10 de junio de 2012

Fui hacia el lado y se estaba sonando, al mismo tiempo divisó su arraigo pasar.
Me detuve, me enloquecí, me caí de nuevo.
Un huevo cocido para el hambre.
Y yo pienso que el trayecto diario no es mi vida, solo respiro porque los demás  lo hacen.
Hacer, hacer, hacer.
Luego me acuesto y todos dejan de existir.
Así es la cadena de los otros, los ineptos, y yo la tonta me disfrazo de señora
y recelan mi chaleco de época.
Todos saben que existo, pero no me ven, huyen y solo miran.
Qué bueno que la ignorancia que tengo puede ser olvidada desde un "poema".

jueves, 8 de diciembre de 2011

de frente

No pude seguir y me detuve.
No pude seguir, estoy jodida.
Y aunque me vine en un colectivo para llegar rápido
no pude y mi corazón se calló.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Y apenas se abren los ojos

ya está frente a mí

ya está frente a aquéllos

el paisaje del habla sin boca

el del tacto sin manos

el del sentir sin sensibilidad

el del susurro sin aliento



Al lado del espejo

se ven como una pasa

como un polvo

como sin rastro

con los pies tardíos

y la cara sin registro

aquí mismo

dentro la tierra

ahora que pisamos nadie

ahora que oímos nada

ahora que seremos nadie

Y con falso afecto

somos nada

porque respiramos

del avance


Y apenas se abren los ojos

las plantas lloran

la raíz se pudre

el jardín se ciega

porque sin avance

no se es florido

y no cabe en el mundo

la curva más grata de las féminas

ni la fuerza efímera del masculino


Las máquinas ya existen


Es tarde

pestañeo y no hay qué caminar

mi arraigo se cae

y el de aquéllos está perdido

perdido queda

el nombre

perdida se muestra

el alma

perdido queda

el resto

perdido queda

el sentido

y la de aquéllos

se convierte en mierda

bajo el pensar desierto

que hace épocas

nos domina



A penas se abren los ojos

las máquinas ya existen

y dentro de nosotros se quedan

martes, 29 de noviembre de 2011

De vuelta

No es que se las dé de escritora, pero sus palabras, solo las suyas son aquellas que me devuelven el nombre, que me estremecen el pecho y me hacen tocar las estrellas como ese par de años que creí que se los había tragado el viento.

lunes, 19 de septiembre de 2011

.

Son casi las siete de la mañana y estoy aquí, tirada en mi cama, pensando en nada más, viendo las manchas y rayones que tiene el techo.
Decidí no dormir y dedicar esta noche a mi nombre y simplemente respirar. Dedicar sin más preámbulos al color blanco de la vida y cantar temas sinfónicos para limpiar mis cejas.

Cierro un ojo y quedo tuerta completamente: es ver todo a medias, notar que todo el espacio que me rodea esta cubierto sin completar, me pongo de guata y observo la bajeza de mi cama
como una fruta calada.
Y luego, nuevamente, mis ojos bien abiertos, decido pararme, voy a la pared, y me miro, pero todo sigue igual, solo que estoy frente a una mujer por la mitad.

No tuto.

Los pájaros empiezan a cantar, y yo perdí el hilo de las sinfonías, se me acabó la batería, así que me daré media vuelta y roncaré, sin burlar un ojo para ver la mitad, yo tengo unos ojos preciosos, y los compartiré conmigo esta vez.

despertar, despertar...



Buenos días.











lunes, 5 de septiembre de 2011

Diet

Vi la mesa llena de porquerías y me dio hambre.
Durante días no dije nada, para qué, si todo aquí es tan igual, así: siempre lo mismo, al mismo ritmo.
Cada boca produce el mismo aliento, incluso el mío. Pero yo tenía más hambre que nadie.
Y esperé, esperé que las porquerías se insinuaran, para que tú te levantaras de la mesa, me tomaras la atención y volvieras a pedirme disculpas, para qué, si aún tengo hambre.
Me como una manzana, me tomo una sopa de verduras, tomo un vaso de leche- eso me toca los días lunes- para qué tanta palabra, tanta condición, tanta porquería sobre la mesa, si tengo hambre de todos, hambre de mandarlos a comerse una torta, así, como hoy.

domingo, 4 de septiembre de 2011

To -Z,4z-z

Hay una cosa que deseo.
Hay una cosa sin la cual mi felicidad en este mundo parece imposible.

Yo no he nacido para vivir sola, tengo que tener a alguien conmigo
y enamorarme, y ser amada.

Mis recuerdos se apiñan en mi propio alfabeto secreto.
Ciertamente, nadie a adorado a otros como yo a ella.

Yo puedo vivir de la esperanza.
No puedo dudar del amor de alguien que ha esperado tanto con paciencia.
Voy a ser constante y nunca sentiré deseo por nadie más.

A. Lister, 1820 ( Halifax, West Yorkshire)





a) He decidido vestir siempre de negro, para liberarme de la tiranía de la moda.
b) Tal es nuestra naturaleza imperfecta, que la disipación puede resultar más eficaz que la reflexión.
c) Creo que un tinte de romance lo hace a una más agradable.

sábado, 3 de septiembre de 2011

I

Llegué corriendo

y abrí las ventanas

Miré al cielo

para ver si te encontraba volando

pero no te vi.

Me di vuelta

y te veo en el suelo

sin alas

sin sombra

sin cuerpo

sin sed

sin hambre

sin sexo

sin nombre

pero estabas volando







miércoles, 17 de agosto de 2011

Al desnudo

Dicen que la soledad te nutre los pensamientos y exagera tus dudas, colocando así un nuevo concepto: las hipótesis, el viento que corre, el chicle que masticas, lo que observas, todo lo que alcancen tus ojos.

Sola, allá en la esquina me ven parada esperando un motivo para seguir caminando, no encuentro a nadie más, pero sigo al paso en dirección al día nuevo que es hoy. Así, bien feo, con nubes poco divisibles, con árboles pelados y con una mirada objetiva a la nada.


Tengo dos chalecos, el gris es nuevo en mi cuerpo, tan elasticado que me forma una cinturita, diferente a la que llaman " de huevo", me veo bien, pero lo oculto con una prenda anexa, para luego colocarme encima, el otro, el otro que tiene el molde armónico de tu cuerpo. Dos chalecos en el mismo cuerpo, separados por una tela estética. Se siente todo, sobre todo al abrir las alas; qué nombre tan bonito para no decir axila, porque todo se duplica en un aroma exquisito; mi perfume natural y el tuyo, recuerdan lo orgánico de nuestra fe ante la naturaleza. Somos dos aves con el nido entre las prendas.
Bajo las alas, se juntan nuevamente la pasión y ascenso de los encuentros, las instancias delicadas, y me cantan empezando el día, para que al final de éste, descansen bajo las sábanas emanadas por esa tela morada que nos alerta, pero el cuerpo habla por sí solo. Nos acaricia.

Es diferente estar sola que sentirse sola. Puedo sentirme así porque no estás a mi lado, no como tanto quiero. Pero no estoy sola, viste, porque hasta en la ropa, te pozas, sí, te pozas como un ave en el nido que tanto adoras.

Me gustan los chalecos, me abrigan tanto, no por la lana, sino por la vida, lo que siembra. Tú.



sábado, 6 de agosto de 2011

Basta

Es angustioso ver eso que me hace bajar la cabeza y ver venir a la realidad, la mía. No es lo grave, porque no lo es tanto, es la densidad corporal que me espera cada día en un calvario.

Asquerosidad frente al reflejo.
Cada minuto que pasa lo absorbo pesadamente, cada imagen, palabra, gesto, lo ingreso en mi cabeza, en mi cuerpo, en cada parte que me hace sentir desproporcionada.

A veces pienso que nada de lo que se usa me sirve, y siendo súper consciente de ello, lo palpo de forma ligera, sin dejarme avanzar ni medio centímetro en que se note. Ni para eso permitiría la evidencia.

Pero yo quiero, juro que quiero. No soporto más.

La niña a su corta edad se veía tan bonita pensaron incluso que era bulímica, eso le preguntaron a la muchacha de labios pintados y pelo corto. Pero no, ella pudo, pero algo pasó que está así. Debilidad ante las cosas, no a lo que se tenga o no se tenga que comer, masticar, digerir. Hubo meses donde se preguntó quizá cómo se lograba tanto, ella no notaba evidencia, era un roce efímero de cambios, cambios que no aprovechó y por eso, con miedo y ansiedad, ansiedad de salir de esto, escribe por estar vana en el sofá.


Y sucede que me canso de ser tan tonta, dice la burra sin dignidad, sin seriedad.


Ya, basta. Quiero.

jueves, 4 de agosto de 2011

Alto.


Y por ende, me despido de los versos.

No soy poeta, no soy escritora. No soy más que Constanza.

Silvestre y corriente, pero quizá distinta.



* Página uno.

lunes, 11 de julio de 2011

Bel sensible

Sensibilidad intensa, que avanza y contagia mi interior.
Lo sensible que me acepta y me deja botar lágrimas hasta por lo más anexo a mí.

Qué manera de llorar mientras veía la teleserie del trece. Ver que la muchacha se desvanecía por la muerte, ver que su amado la miraba con esos ojos azules de verdad, esa capacidad de fuerza del amar, y todo, todo después fueron promesas, promesas que infelizmente él repitió.

Me da igual sonar cursi, ser una de las personas más sensibles, porque todo me afecta, y hay veces que lo que veo,escucho, leo, etc, por mucho que sepamos que no pasa realmente, nos llega tan profundo como si lo hubiéramos vivido.
Pero yo he soñado tantas cosas feas porque en todas aparezco en un vacío muerta de pena.

Es difícil creer en los nunca y para siempre, muchas veces nos envuelve, para la mayoría termina en decepción, para otros alimentan el pecho de uno como una cruel ilusión.
Pero es mejor imaginarse el para siempre y el nunca, así para uno, calladito, la seguridad increíblemente se vuelve inseguridad, te intenta destruir.
Y aunque suene contradictorio lo que estoy diciendo...yo sé que uno no determina lo que pasa en el camino, pero al ir más allá de los sueños asqueroso que he llegado a tener, es que yo ruego que perdones mi sensibilidad. Mi ingenuidad para soportar el dolor y escuchar más a mi pecho que a mi cabeza, pero hay una seguridad que se mantiene vigente, y pretendo decirte nuevamente que sí creo en un siempre, no sé si sirva como argumento potente el que esté tan vivo desde el primer día que te conocí.
Han pasado más de dos años, sí, dos años y fracción y no he dejado de amarte, y a pesar de los quiebres, los dolores, Mi amor está vigente, y yo, si hay algo tan seguro en mi pecho y en mi cabeza, que permite que se unan, es que yo te amaré la eternidad. Sí, siempre.

Yo no creo que alguien pueda morirse de pena, no creo que la pena te deje sin latir en concreto el corazón, pero sí creo en esa muerte en vida, sobre todo cuando notas que no serás la misma, porque has perdido esa vida, la vida que compartiste con tu mitad.
Y siento que ese tipo de muerte, es la peor de todas.


Y Déborah murió, dejando a la pequeña Alicia en manos de Pedro.



Oh, Mar, Mar de mí.

viernes, 8 de julio de 2011

lunes, 27 de junio de 2011

Un viernes de la señora Dasy

Hacía frío esa noche, aún más para la señora Dasy.

Había pasado un tiempo, el que ella misma ha de contar cada vez que recuerda la música de su despertador, pero un día cuando despertó, decidió salir a dar una vuelta, pero con la convicción que iba a estar acompañada. Organizó una fiesta de té con sus amigas (o al menos eso creía): Con Stella, la pintora, Juliana, la contadora y con Elianires, su vieja conocida de hace unos años atrás. Tomó con firmeza su pluma y les envió a todas una invitación para juntarse en el salón de té que quedaba a pocos metros del paradero principal de Domitila Street, quiso que fuera más o menos tarde, cercano a las once de la noche.

A lo días recibió respuesta de Juliana y Stella, ya que de Elianires la recibió de inmediato. Todas aceptaron gustosas. El panorama estaba armado, entonces, era solo esperar que ese día viernes veinticuatro de 1947, colocaran su presencia elegante y no envidiable, en los cómodos asientos de dicho salón. La señora Dasy estaba entusiasmada, solo pretendía regalar una velada confortable a su grupo, hablar un poco de otras cosas, con el fin de sacar conclusiones de una vida diferente a la que estaba pisando. Sin embargo, jamás pensó que justamente ese día, viviría con todos sus sentidos esa vida diferente.

Ya a las ocho de la tarde, del día del encuentro, la señora Dasy tomaba un baño en su tina que se le había heredado su abuela paterna. Se la regaló para que valorara la limpieza que genera el deleitarse con dicha tina, decía que el agua emanaba destellos azules a la hora de evaporar, transformado cada friegue en la piel, una delicada y suave visión de lo que muchos querían portar en el cuerpo, sobre todo en el cuello: Lapislázuli.

Tuvo que haber sido cierta la historia contada por su abuela, porque la piel de la señora Dasy era hermosa, y su cuello tan resplandeciente, con un perfume no de la elegancia, pero era un perfume que todos sabían que era propio de ella. Muchos recordaban su presencia como aquella mujer, con el cuello blanco, y de rico olor, que se incrustaba en el color de sus labios pequeños como una cereza. Era deseable, muy deseable decían, pero nadie se atrevió en hacerlo notable jamás.

Mientras terminaba su baño, recibió una carta de Stella, diciéndole que Juliana tenía una tristeza tremenda a causa de su hijo menor, ya que había huido de casa con la prostituta de su barrio.

Eran cerca de las nueve y media, cuando la señora Dasy leyó aquello.

Al acabar su lectura, se dio cuenta que dentro del sobre había un manuscrito bien pequeño, casi para pensar que podría no ser percibido por la señora.

Ya se hacía tarde, y decidió leerlo cuando ya fuera de camino al encuentro. Desde su casa se demoraba cerca de una hora, por lo tanto, debía apurar un poco su trajín.

Al salir tomó un taxi que no tardaría más de cuarenta minutos en llegar al paradero. Mientras iba en camino, miraba a través de la ventana las luces de las calles, de las casas, del cielo. Siempre le ha gustado la noche a la señora Dasy, decía que le fascinaba ver la maravilla de la luz al anochecer. Concluía que la fantasía de las ampolletas lograba transmitir la naturalidad del paisaje, en cambio el penetrante rayo de sol alumbraba todo, pero no tenía otra función, le fastidiaba.

Recordó de pronto, el manuscrito de Stella, metió su mano congelada en su abrigo, prendió la luz que se encontraba en el centro del techo del taxi y leyó:

Sé que no leerás esto de inmediato, pero además de cumplir con informarte del caso de Juliana, yo tampoco podré ir, sé que es a última hora, que debes estar por llegar, y te aviso que yo no asistiré, debo terminar un cuadro que debe ser enviado a Mexico, al taller del señor Rivera mañana por la mañana, y estoy jugando mi talento en esto.

Lo siento, pero sé que no estarás sola. Diviértete.

Cariños.

Stella.

La señora Dasy no se extrañó, ni se colocó de alguna forma peyorativa, solo bajó el ventanal de la puerta del taxi, arrugó el manuscrito y lo tiró. No leyó el papel antes porque sabía desde un principio la farsa de este encuentro, pero supuso que al no recibir nada de Elianires, ella sí iría. No optó por cancelar el encuentro.

Ceca de las once de la noche, justo al pasar el trolebús, llegó la señora Dasy al paradero, se sentó junto a un guardia de Domitila Street y a un zapatero.

Pasaron tres trolebuses, pero en ninguno aparecía Elianires. Ya eran más de la once con quince, y el guardia le dijo a la señora Dasy que el último trolebús pasaba a las once con treinta, que después las luces se apagaban y la gente debía irse por el callejón Piotr para alcanzar algún taxi.

Comenzaba a bajar neblina, y la pobre señora comenzó a tener mucho frío, ya era tiempo de apagar las luces, y ella volteó hacia un costado para divisar entrecejo el salón de té que estaba iluminado. Pasó el último trolebús y, como debemos entender, su querida conocida jamás llegó.

La señora Dasy entendió que podría estar perdida..

No tenía idea dónde estaba, solo sabía cómo llegar al salón de té porque la habían llevado desde niña, siempre la iban a buscar, pero desde que George, su chofer, murió, se las ha tenido que arreglar sola, y al ser una ocasión especial, decidió invitar a las demás a su preciado salón de té, pero estaba en medio de la nada, completamente sola. El zapatero había tomado uno de los trolebuses que pasaron antes de la hora final y el guardia despareció entre otras calles.

La señora Dasy no andaba ni con cigarrillos para calmar la soledad, comenzó a tener miedo, un miedo que jamás había pasado por su cuerpo, miraba para todas partes, aún siguiendo sentada en el paradero. Miró a su alrededor y solo sentía cómo la envolvía la neblina de esa noche. Sacó su pañuelo para sacar las lágrimas que le borraban el maquillaje, porque pensó en las miles de cosas horrorosas que pueden pasar en una noche, pudo haber llamado a alguna puerta, pero no se puede confiar en extraños.

Sintió que su cuerpo se iba, y fue entonces cuando retomó la costumbre de haber sido protegida por su prometido Nathan que ya no estaba con ella, pero de todas formas para distraer el temor, lloraba su nombre a gritos mientras trataba de circular la calle apagada. Caminó al salón té, al fin, pero no quiso entrar, toda la gente la conocía y jamás había entrado sola, sintió vergüenza, así que siguió de largo su camino.

Mientras se entumía de miedo, sentó compostura y guardó sus lágrimas para llorar a Nathan en una ocasión menos congojosa, trató de ver más allá de lo que se podía, y desvió su paso recto a un callejón.

Escuchaba gatos, y perros, bebés llorando, y a una señora que cantaba un blues diciendo en cada segundo "Landstyle my dear, is the way that we live, Landstyle, is the best place for us"

Se grabó esa parte de la voz suave de la señora cantora, y seguía su paso lento y desorientado. Miró hacia una esquina un poste de luz deteriorado, fue entonces cuando recordó su niñez, y se vio a los doce años con su padre caminando por aquella calle, donde su éste le compró un caramelo en la calle siguiente llamada Landfeel.

Volviendo a sus cincuentaydos años, la señora Dasy logró calmarse, fue deprisa a la calle de sus memorias, y efectivamente era Landfeel, y era justamente la calle que daba paso al callejón Piotr, directo donde daba salida a los taxis.

Llegó como pudo al final de dicho callejón, tomó un taxi y se vino a casa. Cuando llegó, no hizo más que pensar en cómo hubiera sido el haber estado con esas mujeres en el salón de té. No habría vivido el miedo real que vivió esa noche, pero por sobretodo jamás hubiera llamado como no lo hacía hace tiempo a su querido Nathan.

A pesar de haber quedado plantada, le gustó comenzar así su diferente vida.

Eso sí, al día siguiente mandó notas a sus buenas acompañantes, con más énfasis a Elianires, diciendo, que lo pasó estupendo y que no se molestaran en esperar otra invitación.

domingo, 26 de junio de 2011

Paloma negra

Todavía queda sombra
para evitar
verme amanecer.
Ya no sé si es
posible convocarle
una vez más al cielo,
pero de lo que sí
estoy segura,
es que no hay
cosa más aburrida
que mirar las estrellas,
sino puedo deshacer esa luz
para iluminar tus ojos.
Solo para que
vuelvas a mirarme.
Donde quieras que estés,
me dedicas como
una paloma negra,
sin rasgos coloridos
en tu andar.
¿Dónde te he visto con
ese disfraz de mujer?
Antes de dormirme
quiero entregarte
el primer vuelo
que no te pude dar.
Y mis manos
siguen en tus manos,
y siendo paloma negra,
no eres de nadie más.

Amor de mí.









domingo, 19 de junio de 2011

Bel & Marian

Terminé lo que faltaba en casa de mi prima, unos retoques donde cada pared era un símbolo colorido de lo que sentía extraño dentro de mi cuerpo. Me acosté tarde, pero costó que durmiera, nervios tontos que me hacían imaginarte, ahí, viéndonos frente a frente, por primera vez después de un largo año lleno de acontecimientos que yo tuve que soportar y, tú alejándote, yéndote, pero con el previo aviso que volveríamos a comunicarnos. Así fue, y yo te propuse, insistí en que al fin sucediera el conocerte. Quedamos.

El día había llegado, por fin, me levanté media justa, mi tía por más que trató de cocinar rápido, comí lo del día anterior, pero ella entendía que este día era lo más sagrado para mí. Mientras digería, vi el reloj que pronunciaba sus pasos como imponiendo fuerza en que me apurara. Eran las dos y cuarto. No me comí todo, solo quería llegar al metro y que el momento pasara. Fui a arreglarme y en ese momento recordé que no tenía cómo llevarte aquello, así que acudí a la ayuda de mi prima y me pasó una bolsita muy linda de bebé, donde empaquetan regalos grandes para los recién nacidos, mi regalo quedó perfecto.

Durante el camino solo pensaba en qué sucedería cuando te viera, recorrí un pasadizo que me llevaba por todo el año en que sólo conversábamos por la virtualidad, y que al fin, al fin, sí, al fin iba a verte, escuchar tu voz, oler tu esencia... nervios. La gente me colocaba más nerviosa porque todos miraban la bolsa que llevaba (era llamativa, no por el color sino porque el tamaño que me cubría las piernas, y yo soy una enana), pero me distrajo el hecho de andar así, porque en poco tiempo llegué a mi primer paradero: Las Rejas.

En el metro pensaba en el miedo que iba generando mi dolor de estómago, no sé, tonteras que piensa una cuando va a conocer a alguien, esa inseguridad que me ha acompañado desde pequeña, se hizo más presente el día de conocerte. Fue tanto el miedo que pensé en devolverme, lo pensé demasiado, pero no lo hice. Era incapaz de cometer ese delito si lo único que pretendía este día, era estar contigo, expresarme a ti.

Llegué entonces, en menos tiempo que mi primer paradero, a nuestro punto de encuentro: Metro Toesca.

Salí a una de las boletarías y me instalé, coloqué la bolsa entre mis piernas y saqué mi teléfono celular. Eran las tres con veinte. Quedamos a las cuatro de la tarde. Soy magnífica! - pensé, esa puntualidad que me cuesta, pero este día lo logré en un récord implacable.

Los minutos pasaban y mis manos empezaban a sudar, de pura ociosa saqué de nuevo mi celular y comencé a grabar tonteras con voz infantil, y al mismo tiempo observé la hora y ya se acercaba nuestro momento. Pero estando parada ahí dudé: miré hacia el lado y noté la otra salida del metro, dudé en que a lo mejor saldrías por aquél lado y no por donde yo estaba, así que te llamé…efectivamente había llegado, así que agarré la bolsita y fuí rápido hacia la otra salida.

Subí las escaleras con unos escalofríos que se notaban en la frialdad y sudor de mis manos, hasta que llegué a la boletería y ella me vio primero. Yo la observé, nos acercamos, nos dimos un abrazo, y le dije una hola medio tiritón y sonreí, ella de igual forma me respondió. (Cuando te vi, amor, cuando miré por completo con todos mis sentidos, sentí eso que no muchos creen, no sabía ni como llamarlo, pero solo supe eso tan grande que uno siente a primera vista, al tocar con el viento tus ojos) Bajamos por el otro lado del metro para ir al parque Forestal.

Calladas íbamos en el vagón, y para generar conversa, le comenté el hecho de esperarla en la otra boletería del metro, solo me sonreía. No sabía que otras cosas comentarle, y las veces que le decía algo me contestaba de una forma no muy simpática. Su tono de voz no era lo que yo quería escuchar y yo entre nervios y estupidez, le decía que era una pesada.

Cuando al fin llegamos a Forestal, notamos la masividad de gente que había, era obvio, era sábado y la juventud se esparcía por todo el parque. Nos encontramos con grupos de gente que teníamos en común pero no queríamos incluirnos, el día era de nosotras. Marian y yo.

Dentro de toda la gente, nos pusimos en una parte donde podíamos verlo todo, nos sentamos en el pasto. El rato pasaba y no había comunicación, me empecé a sentir fracasada. Y yo sabía que si queríamos hablar era yo quién debía partir, porque de cierto modo siempre supe que era más callada que yo. Sin embargo, de repente, me habló: Me gustan tus ojos, te los voy a quitar. A esto le respondí una confesión: A mi no me gustan tus ojos, me gustas tú.

Ella respondió preguntándome si era cierto lo que le estaba diciendo, yo por supuesto asentí. Y ahí quedó la conversación.

Igual esperé algo, pero no, disimulé. Entre tanto, surgieron intercambios de palabras, y cuando opté por colocar mi cabeza en tu cuello( huele tan bien, vida) me abrazaste. Estando ahí pensé en besar Tu mejilla. Al hacer este acto, no fueron mejillas las que toqué, sino tus labios, sentí la suavidad de tus labios pintados, la humedad. El roce tan lindo que estremeció mi cuerpo, cerré mis ojos, y sentí que era la mujer más feliz de la tierra. Fue el beso más hermoso y sincero que recibí. ( lo llamamos tú y yo: el beso labial). Estuvimos mucho rato abrazadas. Me gustaba la idea de colocar mi cara en tu cuello, sentía tu esencia. A ratos, solo a ratos, me daba risa cuando notábamos que se aproximaban personas y me decías: Viene gente normal. Me reía tanto, a lo mejor exageraba pero aún estaba nerviosa y me derretiste más cuando me dijiste: Te quiero.

Yo también - le respondí.

No quería despegarme, era el día tan perfecto, pero se hacía tarde y nos debíamos marchar. Cuando llegamos al metro, nuestra despedida, notamos que además iríamos por diferentes lados. Quise besarla, pero la gente estorbaba todo. Al despedirnos nos abrazamos, ahí me dijo pausadamente: te amo.

Le respondí un yo también con suspiros entremedio, le besé la mejilla y nos quedamos de ver nuevamente. Le pasé la bolsita y se marchó. Me fui de vuelta con el corazón vívido, con un respiro diferente, todo por haberte conocido.

- F: Si se fijan por acá, esta el metro Toesca, mi departamento queda a diez minutos.

- D: Sí, yo vine una vez con Tomás por acá, y tú Cony…ubicas aquí?....Cony….

Recorrí nuestro primer día, mientras caminaba después de clases al departamento de un compañero…



Bebé te ama, siempre.