BLA BLA

domingo, 5 de julio de 2009

Vivimos juntas - La mezcla




x: Inútil parece. Mezcla típica de aceite y agua. Y la cuchara con que revuelve se ve asquerosa con el líquido viscoso. Eso toman.

y: Hizo un queque, pero no le resultó. Es que parece que no sabe batir, le dijo a la otra tarada que no sabe de mezclas. Es que no le echó huevo, pero se lo comió con una taza de té, estaba rico le dijo la inútil. La súper once.

x: Fue por otro vaso, éste lo sacó debajo de la cama de ellas, sí, esa de dos plazas, pero un lado siempre está friolento. Se hizo pipí, no mentira. Es que no han tenido sexo y sigue siendo inútil, no la satisface. Con el vaso en la mano intentó moldear una betarraga, pero no se fijó que ésta ya era redonda. Dios de ella y de la otra.

y: Su pareja no comió queque sin huevo con ella, por lo tanto se lo comió sola y no se ve gorda, es que es flaca, sostiene las monedas con sus costillas. No es crueldad, es realidad. ¡Qué queque más asqueroso! Pero como está dicho y hecho, lo pasó con mermelada de ciruela. Un error, se fue por el baño, más de una hora, como siempre. Come ciruela, ya le duele el ano, no tiene sexo con su pareja. Idiota.

x: Corrió con el vaso, estaba sucio con pelusas de pantuflas, llegó a la cocina y olía a queque sin huevo, le dio asco y tomó agua del vaso con pelusa. Se comió una pelusa, era verde con marrón y le hacía cosquillas en la garganta. Tosió tanto como si quisiera vomitar en todo su entorno. Fue al baño. ¡Oye, está ocupado! Sintió olor a ciruela, y se aguanta la mujer. Quiere sexo todavía.

y: La otra está por el otro lado de la puerta del baño, que espere su turno, ella hace diarrea y se ríe la tonta. Sale olor a ciruela y a queque sin huevo, se imaginó entonces la mezcla incoherente de aceite y agua que usó su novia. Le dio sed. ¡Oye, tráele mezcla, le dio sed a tu mujer! Sigue con cagadera.

x: Escuchó un grito desde el baño, porque esta tarada se encontraba a las fueras del entorno, estaba en su balcón, vomitó y le dio sed. Esperó uno segundos, y el gritó era que su pareja también tiene sed. Fue por otro vaso. Llegó al bar (allí estan las copas y los vasos), pero todo era tan ordenado que no sacó nada de su lugar, su pareja es prolija, se podía enojar. ¡Todo sea por tener sexo!, se dijo. Regresó a la cocina por el vaso con pelusa, pero éste estaba destrozado en el suelo, fue el impacto del ahogamiento. ¿Y ahora qué?... Al frente de ella, está el vaso con mezcla...

y: Sus dolores y olores raros terminaron al fin y al cabo, alzó su mano hacia la derecha. Lamentos se escucharon, no queda confort. Gritó a su pareja. Aún tiene sed, ojalá haya escuchado. Se dijo con susurros pegados que nunca más volvería hacer queque, hará pie de limón, pero a ella no le gusta el limón, le gusta la ciruela.

x: Tomó el vaso viscoso, pero refrescante de agua y aceite. Para hacerlo más irresistible, le echó dos cubos de hielo, escuchó un gritó. No queda confort. Es inútil, no puede hacer dos cosas a la vez, primero se fue con el vaso hacia el baño. Llegó donde su mujer, se dio cuenta que no había olor a ciruela, se rió, le pasó el vaso, para asegurarse echó Glade de tabaco por todo el baño, su mujer bebía el rico vaso de aceite y agua, ah y hielo, Pero faltaba el confort,¡corre! le dijo su conciencia. Es sexo a fin de cuentas.

y: Su mujer llegó, pero sin confort, y es tan tonta que echó Glade de tabaco, cuando el cigarro abunda en su departamento, le marea. Pero en fin. Estaba tomando agua con aceite y hielo. Le sació la sequedad. ¿Y el confort?, que se apure su mujer, de ahí ésta se bañará, quiere sexo ahora. Sí, ella tiene ganas de tener sexo igual que su mujer. ¡Que traiga el confort!

x: Sacó uno, dos hasta tres rollos y fue donde su mujer que por cuarta ves le pedía el confort, cuando llegó, se puso nerviosa, recibió de vuelta el vaso, se iba a ir a preparar un vaso de aceite y agua para ella. También quería. Su mujer la detuvo y le pidió que le prendiera el gas, se iría a bañar. Se siente sucia. Lógico era, si cagó mucho rato la ciruela y el queque. Pero su mujer se enojó, quiere sexo. ¡Cómo es tan tonta por dios!

y: Le pidió a ella que le prendiera el gas, se hizo limpieza, había confort de sobra. Pero su pareja se enojó, porque quiere sexo, si ella también quiere, pero antes debe bañarse en agua y aceite, le excita, eso parece. ¡Que no se enoje esa inútil!

x: El gas prendió, le avisó a su mujer, se fue después al cuarto, a la cama de dos plazas. Sí, esa que debajo tiene las pantuflas con pelusas verdes y marrón, la que la ahogó y que ahora toma aceite y agua, con hielo para satisfacer, le gusta. La espera en la cama y enojada, le dirá “a dormir mi amor”, el agua la cansa. Pero ésta quiere sexo. Escuchó además que la otra desde la ducha la llamaba

y: Se comenzó a bañar, su mujer le dijo que el gas estaba prendido. Caía el agua y aceite por su cuerpo, comenzó a excitarse. Pero ella como se conoce sabía que después de la ducha estaría cansada. Tuvo una idea, llamó a su mujer, pero que venga con el vaso. Tiene sed. Ya sabe y quiere sexo en la ducha.

x: Como es macabea la inútil y que no entiende, se paró y fue con el vaso, eso le pedía su mujer. Entro al baño, y el olor a tabaco y el calorcito humano la excitó, abrió el lavamanos pero agua y aceite no salía, su mujer desde la ducha la llamó, abrió la cortina. Estaba saciándose con la mezcla, y su cuerpo estaba lleno de ésta. Ella se sacó la ropa y entró a la ducha con ella. Saciaron la sed.

Y sí, todo lo que quería era sexo, Y lo hicieron, como lo hacen cada viernes por la tarde en su departamento en Providencia. Siempre con agua y aceite.

viernes, 26 de junio de 2009

A los sies del ayer.

Solía comerme los chanchitos de tierra,
jugaba a explorar, una independencia,
no me daba cuenta. Lo disfrutaba.

Calcetas con blonda. Zapatitos negros de charol,
mi pelo bien peinado,
cola de caballo. Así es.
Jardinera a rayas; buena combinación.

Tardes del noventayocho,
colocaba mi cassette; coreaba al son de palmas.
Uno dos y tres.
Saltando y girando, manos a la cadera, la pequeña coqueta.

Al resfalar, más no pedía, solo crayones recibía.
Me gustaba pintar. ¿ Me gustaba?. No. Me gusta, me gusta.
Una hoja, dos hojas, hasta cinco podía rellenar,
cada creación se las regalaba a mi mamá.

Debía ir a la escuela, me quedé en el jardín.
Coleccionaba recuerdos, era peleadora con niños.
El robot de legos es mío, tuyo jamás será.
Contra la pared lo dejaba. Me iba castigada,
pero aprendía. Jamás se olvida.

Jugaba a la pelota, no con muñecas,
observaba construcciones y no maquillajes.
Tom y Jerry, eran mis favoritos,
con el club de los tigritos.

****
Con el helado de lúcuma, mi jardinera manchaba.
Cambio a la tenida rosada, me hacía cachitos.
Insisto, buena combinación.


Noches fantaseosas.
Sueños entrantes, un cuento; es deleite,
cierro los ojos, me acobijaba.
Mi osito también.


Hoy día repito el ciclo, lo diferente ahora igual es.
Nilña de algodón siempre seré.

lunes, 22 de junio de 2009

Chiste de ciudad

Lector, lector. En clases estoy. La ociocidad me mató. Já.
No aguanté más y algo quise subir, algo cotidiano sería. Saludos desde mi establecimiento.


Hace tiempo no me aparecía por el centro de la ciudad. Todo parecía nuevo para mí desde entonces.

Sentía que mis ojos se salían, observaba todo con más lujo y detalle, como si fuera por primera vez que viera tanta humanidad a mi paso. Era raro estar parada en un punto determinado por mi decisión cuando percibía con negación el sonido de mi entorno. Eso me gustaba más y me hacía ser más detallista a la hora de reiniciar mi paso.

Vi la hora, eran las dos de la tarde con cuatro, justo recordé que la razón del por qué me encontraba ahí, era porque debía comprarme un accesorio, quizá era por ociosidad. Ya no podía devolverme, ya estaba ahí y me atraía localizar todo lo que estuviese a mi alcance.
Luego de unos minutos mi misión ya había concluido, por lo que decidí ir a una zona silvestre y descansar unos instantes.

Era algo tentador lo que podía localizar, de hecho tuve ganas de pronunciar las cosas que mi mente gritaba sigilosamente, como un tipo de divulgación colectiva. Más aún mis oídos complementaban; escuchaba voces que realmente me daban risa y alegraban mi día.
Me quedé estancada observando y escuchando me dejé llevar:

Unos señores de la construcción, con trajes de un anaranjado fuerte (como para jugar a la escondida, já) pasaron por mi lado, mirándome con caras bastante extrañas. Uno se mordió los labios, otro me lanzó una especie de beso, algo raro fue, pero no analicen mucho eso, quizá que significaba, me dio risa, y más aún una carcajada saqué cuando escuché dos voces que gritaron “Dios la bendiga mijita”.
¿Qué Dios me bendiga? (ah, se me olvidaba los tipos empezaron a hacer sonidos agudos con sus labios) que halago el que me dijo. Muchas gracias.

Una muchacha no más alta que yo, junto a un hombrecito, me llamaron más la atención. Su atuendo, poleras rotas a rayas, pelos pintados, ojos muy marcados, pantalones a bajo las caderas. Se gritaban cosas tan incoherentes, el tipo le tiraba el pelo y le decía frases irrisorias y la muchacha le tiraba escupo, los miré con felicidad porque me hacían reír.
No sabía que el circo en plena calle era gratis y de tan buena calidad. Se los agradezco.


Ya se me hacía tarde, partí el vuelo a mi hogar. Sin dudas algo más sacó una carcajada de mi encuentro con la enorme ciudad:

En el semáforo todos esperaban para que se mostrara el verde. Había aproximadamente treinta personas a la espera. Todos con la misma cara de colapso, todos con la frente sudada, todos mirando el semáforo, y cuando por fin tocó verde, todos al con pasos apresurados y cortos empujándose, como una especie de marcha, desciendo palabrotas al mismo tiempo, al son del paso verdoso del semáforo. Y cuando se pone nuevamente roja la luz, la manda enorme que intentaba cruzar paró sorpresivamente, como si se les tocara un silbato, o como si tuvieran un chip de apagado, o time off.
Jamás creí que la parada militar fuera tan excelente y que fuera de libre vestimenta. Se ganaron un aplauso, gracias.


No sé que tiene mi entorno que es tan divertido. A lo mejor es la costumbre que adquirió mi pensar con respecto a las estupideces que ocurren en la enorme ciudad.
O quizá yo amanecí con la cabeza alegre, como para reírme hasta de lo más cotidiano y normal de la vida.
¿Ando al revés?.





domingo, 14 de junio de 2009

Una Carta

Sigo sin saber que hacer.

Ya ha pasado mucho desde que llegó. Un caminar tan simple y coqueto, su pelo castaño, ojos almendrados con delineado rojizo, labios carnosos y bastante formados. Fue ese día lunes, en el mes de Marzo, que tocó mi hombro preguntándome si yo pertenecía a su salón; como es el destino que fue certero, porque ella era la nueva, la nueva mujer perfecta que entró a mi corazón.

Me costó asimilar los hechos desde un principio, llevo toda mi vida cuestionándome todas las cosas que me dicen, me considero una persona seria, un poco extrovertida con mis cercanos, soy correcto (odio la mediocridad), me gusta el helado de lúcuma y estudio fotografía.

Luego de su pregunta amistosa, fuimos caminando juntos al salón, estaba demasiado nervioso como para responderle algo más complejo, porque solo le dije “sí, venga”. Sensaciones extrañas desde ese minuto hasta hoy, mañana y pasado. Es extraño. Lo sé

Soy pésimo tratando de escribir como me siento en verdad, el dolor crece constantemente, sobre todo las veces que he soñado con ella. Son ansias imaginativas que anhelo profundamente vivirlas y solo con ella, pero hay muchos obstáculos que me hacen reflexionar y sentir que soy un hombre realmente patético. Dentro de las barreras que puedan haber entre los dos, está la diferencia de sabiduría, experiencias, edad (yo tengo diecinueve y ella veintiocho). Desde que inició ese intercambio de palabras conmigo, no dejo de mirarla, de buscarla, tener encuentros “casuales” con ella, hablarle de la vida, conocerla más, es todo un ciclo de conocimiento, y para ser sincero, me siento ligado a ella. Trato de ser discreto a la hora de dirigirme, soy siempre respetuoso, pero me cuesta mucho tratarla como tal, “una profesional que es”, hay veces que incluso quiero llamarla por su nombre, pero sé que saldría perdiendo la confianza que se ha generado. Ya son casi cuatro meses desde su existencia, pero no creí que esto me afectaría de manera que podría llegar hacer cualquier cosa por tenerla entre mis brazos, dedicarle palabras bonitas. Esperarla, regalarle flores, salir con ella, ir a dejarla a su casa, besarla como novios felices, etcétera. Pero todo lo hermoso que planeo se cae a la basura, a lo imposible, inalcanzable y me siento asqueroso.

Ella no está sola. Tiene a alguien, eso me agobia, me voy debajo un puente y trato de componer sensaciones únicas para luego cantárselas, como un pobre vagabundo en busca de un hogar, claro que yo no quiero un hogar, quisiera estar en algún lugar de su espléndido corazón. Son muchas las ocasiones que debo aguantarme las ganas de llorar en frente de ella, suele hablar con su amado al frente de mis narices y eso me desespera, y cuando hizo eso por primera vez, sentí el primer síntoma de mi estado, los escalofríos. Éstos que desde esa oportunidad me acompañan noche y día, que no dejan movilizarme ni concentrarme, mi piel se pone tosca y fría, siento ganas de vomitar, y me pongo más débil de lo habitual.

Suelo ser muy notorio a la hora de enojarme o ponerme triste, detesto aparentar. De partida no soy actor y segundo encuentro estúpido fingir que estoy bien, cuando en realidad me estoy desintegrando.
Los días siguen pasando, las horas conjugan los minutos que he pensado en ella, ya llevo diez minutos haciéndolo y en el primer mes de conocerla, no llegaba recordándola como ahora. Sin embargo sufro condenado. Siento que no le importo en lo más mínimo y más rabia me da escucharla decir “te amo” a ese tarado, que me dan ganas de aniquilarlo, pero loco no soy. Tengo compostura y un orgullo que cuidar. Hay veces en que trato de decirle sigilosamente lo mucho que la quiero, que la necesito, de forma exclusiva para que no se entere de lo que siento, pero ella es demasiado inocente, o tal vez lo hace porque sospecha algo y lo hace para evitarme, o me tiene miedo y cree que soy un muchacho sicópata en busca de un amor obviamente imposible. O solo porque no le importo y punto final. Ya no sé. Me siento tonto, débil, vacío, asqueroso, feo, infantil por tratar de conquistar a una mujer comprometida, me siento el malo de la película, pero para que andamos con cuentos, nadie me mandó a enamorarme de ella.

Quien lea esto que redacto lo digo con suma sinceridad, no pretendo dejar asombro de lo que pueda pasar, solo sé que son años de espera y de soledad, los días son esclavizados por el gusto amargo de la visión, es una andar cotidiano que debo llevar hasta el final de mi carrera, claro que llevo tres semanas sin ir a la universidad. No puedo ir, no tengo fuerzas para seguir, he cometido faltas tontas, como irme a bares y beber hasta llegar a mi departamento con una cualquiera, hasta traje a un maricón, pero le vomité, eso me dio risa. Que asco.

Me he humillado lo bastante, siento culpa absoluta, y las horas pasan, mañana iré de nuevo a reencontrármela, pero ella no sabe nada. No puedo creer que aguante tanto, de todas maneras espero que algún día le llegue esto, claro si deseo mandársela, pretendo que mis cercanos lean ésta carta de pausa, de espera. Porque cuando me vaya, no habrán circunstancias en contra mío, lo único que recibiré será el castigo de no verla nunca más. Prefiero seguir sufriendo en secreto, pensándola cada vez más, con todas mis ganas, soñar con ella, y cantarle bajo el puente las mil y una melodías que he confeccionado para ella. Yo amo locamente a esta mujercita, a CLarís Subercaseaux.

El vagabundo en el puente; un puente tenue y sombrío, el de mi ser.

Les escribe Roberto Domínguez.

sábado, 16 de mayo de 2009

Retrato en banca (1994)

Empezaba a oscurecer. Tardes refrescantes de Junio, donde aún no caía ni una sola gota de llanto celestial, esa brisa perfecta, un néctar lo llamo yo, me apaciguaba los malestares y no me dejaban regresar a casa, por lo tanto, siempre que venía del trabajo me sentaba en una banca barroco y prendía un cigarrillo; paisajes coloridos, los adultos con sus chaquetas y niños con pasa montañas, los pájaros ya volaban su dirección de sueño para iniciar un día como el de hoy.

Mientras sacaba el cigarrillo de mis labios, noté que al frente al humo sacado, había una silueta que se me acercaba. Era una muchacha que tenía su cara de interrogación puesta en mi humanidad descansada, sinceramente me puso muy nervioso y provocó un alto grado de timidez, lo que nunca llevo conmigo. Al acercarse más y más, mis manos comenzaron a temblar y se congelaron, traté de hacerme el tonto con su existencia y volteé mi cuerpo para un costado. En un instante sentí una presión que me forzó a volver a mi posición original y cuando lo hice, estaba ella, se sentó a mi lado, sacó un cigarrillo de su cartera ( yo la miraba atentamente, pero siempre nervioso y frío), comenzó a hacerme un ademán con sus dedos, agitándolos al frente de su cigarrillo en sus labios, deseaba que le prestara mi encendedor.

Mientras ella esperaba mi acto generoso, mi corazón agudizaba unos pasos bastantes rápidos, lo que hacía que hiciera las cosas con más nervios y torpes. Buscaba mi encendedor en mis bolsillos y no lo hallaba, mis manos comenzaban a sudar, miré a todos lados y logré ver y verificar que mi objeto buscado se encontraba en el suelo, debajo de donde ella estaba sentada; apunté con mi índice y le señalé que estaba debajo de ella, fui cortés y le pedí permiso con mis manos, pero ella porfía mi permiso y se agachó junto conmigo para recoger el encendedor. Al acto de recogerlo, nuestras manos rozaron un aliento doloroso, me dio miedo, y recogí mis dedos, ella tomó el encendedor y al volver a sentarnos su cigarrillo ya lo había prendido, porque cuando yo volví a acomodarme a la banca me lanzó el humo el la cara (desubicada), claro que no hice ni gesto de molestia, al contrario, ahí recién me dediqué a analizarla: ojos tristes, cara pálida, labios carnosos, pelo largo, su contextura era delgadísima, pero bellísima. Noté que me atraía su silencio, y para no arruinar nada yo también no quise decirle nada. Un cigarrillo saqué de mi chaqueta, le hice el mismo ademán que ella hizo conmigo en un principio, pero ella de nuevo me porfió y prendió el mío.

La noche se hacía presente y ambos permanecíamos ahí como dos mimos, no hubo comunicación oral, al pasar las horas hacía frío, ella hizo un gesto de temblor con su cuerpo, yo me saqué la chaqueta y se la presté. Ella por su parte me la rechazó, pero tomó mi brazo y se lo puso alrededor de su espalda, eso me hizo sentir agradable, todo era perfecto, sin habla, una especie de mundo maravilloso habíamos creado y yo ya no estaba nervioso. Pero tuve que reaccionar a eso de las once con cuarenta y le indiqué que tenía que marcharme.

Pude lograr ver la mitad de su rostro que se desintegraba en llanto silencioso, y no pude irme, de hecho no quería, sentía estar pegado por esta extraña que gracias al silencio espontáneo ya no lo era, me quedé con ella. La luna nos alumbraba con su cuerpo, mis ojos y los de ellas se achicaban, el viento pausado nos acariciaba hasta que nos quedamos completamente dormidos.

Una bocina brusca me despertó, era la de los bomberos, me indicaban que ya era medio día, cuando abrí mis ojos completamente, no había nadie a mi lado, la verdad, quedé extrañadísimo y preocupado ¿me deja solo después de haberme insinuado que no me fuera?, me molesté por unos segundos, pero al mirar desconcertado hacia la multitud, al punto exacto de donde ella se me había acercado el día de ayer, vi que en la banca de algunos metros al frente de la mía estaba ella. Me paré bruscamente y corrí hacia allá, pero cuando llegué, todo mi cuerpo y mente dejaron de reaccionar.

Se trataba de una escultura de bronce hecha sobre una banca, definitivamente era ella, su pelo, su delgadez, sus ojos, y la posición que tenía era fumando un cigarrillo, con su cara débil y triste. Me causó dolor e irritación, no obstante, aseguraba que lo de ayer no fue un sueño, fue el poder de la tarde refrescante que trajo a esta mujer hacia mí, mi encendedor ordinario me comunicó con ella, lo sé, si hubiera sido de carne y hueso quizá en estos momentos recién estaríamos hablando, pero puedo decir que ya no sería lo mismo. Me senté al lado de ella y toqué su cuerpo duro y frío, y vi que en su chaqueta decía “No hace falta hablar, no hace falta ser como los demás para querer demostrar que se puede amar. Clarís Soubercaseaux 1887”

Se su nombre, que hasta el día de hoy no lo he olvidado, aunque no supe como fue ella, de donde vino, que fue de su vida. Fue el comienzo de mi primer amor.

No hace falta hablar.

jueves, 7 de mayo de 2009

Falso Descanso

Tarde tranquila de primavera, gozando el cantar del alba.Llegó un terco indicio y entraste por mi ventana. Curiosa y elegante con tu vestimenta cambiante degradado de puntos negros con un fondo rojizo- anaranjado.
Traté de contener el temor inconsciente que me causaste con tu presencia, te hablé una y mil veces y que de mi habitación salieras. Nunca cediste.

Comenzaste a invadirme, yo la necia choqué con el velador y la lámpara boté, impulso negado, me hacías girar cuando me entornabas con tus ojos oscuros. Me acorralaste contra la puerta, me pusiste nerviosa, lo que pude intenté tomar y con mis manos sudadas los objetos agarrados te lanzaba. Pero tú fuiste más ágil;¡gira y gira de una vez!, a sonido alzado me decías, provocando una caída dura hacia mi cama.
En ese acto de mí te apoderaste, me hacías gritar como nunca, me dejaste sedienta, dejamos la cama totalmente desordenada, tus movimientos me llegaban a dar risa, porque siempre quedabas de espalda, ya que si te ponías de pecho te ahogabas (já).

Te recostaste sobre mí, pero mantenías la distancia, temor sufrías de mí. Aproveché tu invalidez y tu ropa te saqué, tus ojos me apuntaban, pero a mí eso no me importaba, seguí desvistiéndote hasta sin dejar rastro. Me diste más rabia, porque una mancha negra dejaste en mi cama, recogí la sábana que en el suelo se encontraba y con mis pulgares te arrojé por la ventana.

Descanso total, ya puedo respirar y nunca más cambiaré mi persepción de ella.

Como odio a las chinitas.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Sola está...

Bajo el manto de la cama de sus padres, trataba de contener el frío, poderoso y luminoso fue, cada vez más su pensamiento envolvía. En el cuarto donde permanecía, los abrazos y cariños ya no los sentía.
Su madre se esfumó, su padre ingrato solo sus prendas en casa dejó; un viaje largo y eterno que provocó el corte de su respiración.

Sola está más la angustia consigo lleva, degrada canciones de cuna donde le enseñaban la melodía perfecta, unión fraternal...Hija se hace llamar y hermanos tiene a la vez ¿ Dónde se encuentran?, al jugar a las escondidas siempre le hacen contar hasta cien y luego su gran búsqueda debía comenzar; no los puede encontrar y si lo consiguiera solo palabras incoherentes y gritos irrelevantes de sus labios resecos de frialdad saldrían, cada dicho la pequeña con sus oídos de algodón los absorbía.

Por otra parte intentaban silenciarla, callar el sonido de su pecho enfermo está de alegría solitaria agudiza la mente supuestos hermanos, ya que la vieron nacer, le compraban caramelos y globos de fluorescente color, brillar, y brillar, era lo más feliz que ponía a esta niña, por su imaginación radiante podía gozar, y sabía que no podía causar molestia a nadie, por esa razón aceptaba acto soborno.

Ambos estúpidos de risa con sus índices la apuntaban, tomaron alfileres y sus globos le reventaron, le quitan el caramelo y lo botan al basurero, algo patético es.
Ni contando hasta cinco pararon de reír, la niña seria los miraba esperando que el reloj corriera a la par para que sus hermanos se marcharan...¡corre de mí!, se comunicaba consigo, ahuyentaba la misericordia de auxilio, cuando ella al mirar por la ventana veía pasar a sus vecinos.

Hermanos se hacen llamar, toma el rompecabezas, ¡desarmen de una buena vez!, un sarcasmo es ¿ a qué?, a su miedo, certero fue. Sola está, laberinto de cristal prefirió estar, sin nadie al lado, solo el cielo morado desea contemplar, sentir la brisa libre de que los estúpidos, ni los ingratos la puedan hallar jamás...