BLA BLA

miércoles, 10 de abril de 2013

Había escrito algo, pero lo borré.

martes, 4 de septiembre de 2012




“Aquí ya no hay nadie”, dijo por última vez. Siguió por un sendero tardío en el espacio con criaturas de diversas formas y reflejos,  que dormían sin pestañar, y sucedían solo con las añoranzas más profundas de aquella soledad que la invadían hasta lo más profundo.
Mientras avanzaba, dejaba su reloj gris-azulenco de números que por lógica se podían deducir,  y que en tiempos incómodos, Ryan se lo había obsequiado. No necesitaba sus horas, no necesitaba dependencias, sino dejarse tomar por la naturaleza que la llevaba a sus exasperantes convicciones.

Estela produjo la mirada al escenario donde su cuerpo la estaba metiendo, no había luminosidad, no había árboles ni caminos de tierra, no había personas ni casas vecinas, tal como ella quería, así, y de esta forma, volvía a caer en sus memorias. Sus ropas floreadas y abundantes, hechas por el modelo señorial de su madre, y ahogadas en sus recuerdos, terminaron por impedir que se moviera, obligándola a dejar de respirar, y dejándola a expensas del tacto y el mar.

“Vida, la vida misma sin cara”, susurraban sus lágrimas bañadas de coral. “No hay vuelta atrás, Ryan”, sentía cuando cerraba sus ojos.  Apartaba sus sesenta y cinco lejos de la masa, del aguante y de la adaptación,  estuvo siempre lista, sin embargo, un oleaje tosco le prohibía seguir en su realidad. De pronto, sentía su cuerpo como un bulto que era llevado por una fuerza extravagante. Estela comienza a  elevarse y es cargada al otro lado del sendero. Su rostro cobraba respiración y sus ropas pesaban el doble, apenas abría los ojos, y notaba que es halada hacia la orilla. No era más que William, el perro anciano de Ryan, que siempre estuvo a disposición de su amo y Estela. Aquel can dejaba a la mujer acostada en medio de la arena, mientras que ella pensaba en las insistencias absurdas de su marido, quien que le exigía permanecer por todos esos años de convivencia.

“Ryan, miserable,” pronunciaba su voz húmeda, y miraba al can como a un delincuente. Se sentía fracasada como nunca. Por su parte, William trataba de animarla y tironeaba de sus ropas para llevarla de regreso a la prisión de Estela, aquella jaula en que vio por última vez el amor de su marido.

martes, 17 de julio de 2012

Puta la hueá, sí la hueá , LA MISMA HUEÁ que cumple todo.
Chao.

domingo, 10 de junio de 2012

Fui hacia el lado y se estaba sonando, al mismo tiempo divisó su arraigo pasar.
Me detuve, me enloquecí, me caí de nuevo.
Un huevo cocido para el hambre.
Y yo pienso que el trayecto diario no es mi vida, solo respiro porque los demás  lo hacen.
Hacer, hacer, hacer.
Luego me acuesto y todos dejan de existir.
Así es la cadena de los otros, los ineptos, y yo la tonta me disfrazo de señora
y recelan mi chaleco de época.
Todos saben que existo, pero no me ven, huyen y solo miran.
Qué bueno que la ignorancia que tengo puede ser olvidada desde un "poema".

jueves, 8 de diciembre de 2011

de frente

No pude seguir y me detuve.
No pude seguir, estoy jodida.
Y aunque me vine en un colectivo para llegar rápido
no pude y mi corazón se calló.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Y apenas se abren los ojos

ya está frente a mí

ya está frente a aquéllos

el paisaje del habla sin boca

el del tacto sin manos

el del sentir sin sensibilidad

el del susurro sin aliento



Al lado del espejo

se ven como una pasa

como un polvo

como sin rastro

con los pies tardíos

y la cara sin registro

aquí mismo

dentro la tierra

ahora que pisamos nadie

ahora que oímos nada

ahora que seremos nadie

Y con falso afecto

somos nada

porque respiramos

del avance


Y apenas se abren los ojos

las plantas lloran

la raíz se pudre

el jardín se ciega

porque sin avance

no se es florido

y no cabe en el mundo

la curva más grata de las féminas

ni la fuerza efímera del masculino


Las máquinas ya existen


Es tarde

pestañeo y no hay qué caminar

mi arraigo se cae

y el de aquéllos está perdido

perdido queda

el nombre

perdida se muestra

el alma

perdido queda

el resto

perdido queda

el sentido

y la de aquéllos

se convierte en mierda

bajo el pensar desierto

que hace épocas

nos domina



A penas se abren los ojos

las máquinas ya existen

y dentro de nosotros se quedan

martes, 29 de noviembre de 2011

De vuelta

No es que se las dé de escritora, pero sus palabras, solo las suyas son aquellas que me devuelven el nombre, que me estremecen el pecho y me hacen tocar las estrellas como ese par de años que creí que se los había tragado el viento.