BLA BLA

jueves, 15 de octubre de 2009

Básica-mente

Ni siquiera me sentí segura de querer escribir unas líneas antes de tomar la decisión. Porque todo desde la mañana me parecía obsoleto y me abstuve a proclamar sensaciones que por uno o que otro lado me llevarían a sentir más desconsuelo por donde se me mirase.

El recorrido que había echo me indicaba lo atrasada que iba, peor era mirar a al lado y notar que la gente vacilaba en sus ociosidades mientras que yo ya conocía sus caras, me daba una rara timidez. De todas formas jamás iba sola.

El otro día, antes de haber buscado mi respuesta, divagué uno que otro dibujo con mis lápices de cera, permanecía nauseabunda y todo movimiento se me hacía cada vez más paupérrimo. Recordaba muy bien que ya estaba en mi destino e intentaba comer manzana pero los dientes se me aflojaban con el frío mañanero. La mesa azul en la que estaba apoyada se humedecía con el sudor de mis manos, veía matices acuáticas que se evaporaban a medida que el sol calentaba mi casco, las pequeñas florcillas me daban alergia, los dientes de león me envolvían con su vuelo, me estropeaba el punto de referencia por el que trataba de conectarme, pero cada minuto era necio, todo era aislante y a mirada penetrante referencia cortante.

Me consideraba el enojo por excelencia a la hora de concentrarme, sentía como se apoderaba el negro a mis al rededores, la batalla que exigía por sacar una sonrisa a tales garabatos era un cinismo ridículo. Esa fue una razón más para querer rejuvenecer lo que en parte me llevaría a un calvario de prepotentes calamidades, y que por cierto me ayudarían a tener la inmadurez nuevamente a mis pies después de una gran transfusión.


A comienzos de dicho día opté por integrarme a lo que todos conocen como lo trillado de los locos, sabihondos, solitarios, románticos, estúpidos, quizá ignorantes (sentido figurado). Por un momento creí que era para seguir reprocharme la idea de que necesitaba encajar en alguna cosa, lo que fuese por no sentirme apartada. A medida que avanzaba en conjugar frases y crearme un espacio nuclearmente cerrado, figuraba en mí la idea de analizar lo que menos gustaba hacer, decir, pensar, etc. Y lo hice de tal manera que dentro o fuera de mi círculo social era toda una experta en dichas acciones que tanto estudiaba mientras dormía. Cuando tenía quince años solía hacer lo mismo pero era algo putrefacto a la hora de ser leído, nadie querría comentar tales estupideces de una niñita reprimida, ni siquiera un ser cuestionado. Menos un psicólogo. Todo marchaba a la perfección, no era un plan macabro tampoco buenísimo, la verdad no era un plan, más bien era una opción a seguir mis contradicciones que desde que la memoria no me fallaba era significado de crecer como persona exteriormente, porque dentro de mí surgía el universo y la vía láctea era mi sustento metafórico.

A pesar de mi condicionalidad para hacer funcionar mis dedos, no faltaba la muchedumbre que siempre le importaba lo que estabas haciendo, su mecanismo de funcionalidad social era afectar de manera positiva o negativa a su víctima, que en este caso era siempre yo, y si me hacía la pesada o simpática era producto de mis casi conocimientos que iba adquiriendo y cada palabra salida de sus bocinas me calentaba como una fiera a punto de morder. Siempre fue así hasta el día que mantenía la inseguridad por tratar de formar algo.

No mentí con nada al respecto de que lo que estaba haciendo me gustaba, porque para ser sincera, me encantaba, no dañaba a nadie y a medida que mis intereses académicos crecían, cada página leída, cada párrafo tragado era un licor poderoso que me dejaba destrozada. Aprendí a manejar situaciones, quejas, guardar silencio, éste último se me ha notado más, porque asimismo al compartir, siento que algo que llama, algo que huelo, y estando en lugares extremadamente públicos. Recordaba desenfrenada mi excitación por leer o quizá imaginar lo que fuese con tal de meterme en lo que tuviera que ver conmigo. Ahí me di cuenta que sí me estaba dañando y de una manera tan sigilosa que no hacía falta ser el malo o bueno de la historia, todo se volvía distinto, muy distinto.

Después del otro día se generaban las preguntas y los pelambres de ellos/as en mi propia presencia, ya no me molestaba nada, de echo respondía con su misma pregunta y el mimo saltaba de orgullo en esos segundo. A veces trataba de responder según mi lógica de aprendizaje, pero siempre debía volver a practicar lo que a lo mejor hace cuántos minutos ya había procesado mi cabeza. Los comentarios eran parecidos, con la diferencia que mis respuestas generaban más de alguna pregunta a alzada voz, lo que terminó por la risa y creer que estaba en un lugar que no era la tierra. Hubo circunstancias densas porque fallaba mi sabiduría, viendo de reojo que muchos gozaban y yo era la única anotando mis errores suponiendo que era todo lo mismo.

Aunque mi veredicto estaba completo, seguía igual, porque tuve fuerzas necesarias para abandonar el karma potente que distraía mis quehaceres y la mayoría del tiempo dije, incluso grité de alegría que este ha sido el mejor año que he tenido (desde mi adolescencia).


Hoy también sentí miedo: de caerme en un pozo profundo y tener que volver a empezar, pero sé que no sería con lo que llevo hasta el fin de los tiempos, mis intentos son tan sencillos, mis letras son tan kinergarden. Que un desconocido podría adivinar al tiro que tengo algo extraño, pero de saberlo con certeza lo dudo mucho.

Más allá no podía hacer, solo sabía que la decisión estaba impregnada y que las variantes cumplían un rol importante en mi vida.


Ayer deduje por última vez lo que hace tiempo variaba en mis andares diurnos por el patio de la escuela: sé lo simple de lo más simple que puede existir. Y la mayoría ve siempre algo diferente a lo que uno realmente es, ser monótono, quizá nunca se percata, tampoco llegué creer que a lo mejor era le única con este punto de vista, pero ya es tarde para tacharlo de otra forma. Sentí miedo cuando encontré una respuesta al cien porciento, es sentirse una ameba, un algodón con quita- esmalte.


La tinta se acabó y me pregunté por qué.

2 comentarios:

Ginger dijo...

¿Y si lo qué opino tiene qué ver con lo básicamente? Esa pregunta me hice cuando lo terminé de leer.

Oye, te amu Hermani.

kevin dijo...

encontré frases buenas, pero no entendí el sentido total del texto, hay algunos que no deben tenerlo, que la suma de las palabras y sus sentidos deban entenderse completamente aislados, pero quizás sólo es la hora que no me deja pensar y comprender bien ahora.

Saludos coni, aún así,
te prefiero en faceta cortaceana, aunque me he dado cuenta que puede ser adictivo y luego es difícil encontrar tu propio estilo.