BLA BLA

viernes, 22 de enero de 2010

Augurio .-

Ahora debería estar sentada mirando el paisaje, oyendo a los demás cacarear, soportando el aburrimiento o simplemente escuchando una canción. Y como todo día lunes me tienes aquí frente a ti, observando tu cuerpo gris y oculto, recordando tus besos y palabras.
Parece insólito que personas como tú y yo puedan vivir juntos de esta forma, porque somos muy diferentes. A la vez me hace pensar que nuestra única semejanza concreta es el amor que sentimos uno por el otro; la controversia no nos suelta del lomo ni siquiera para cuando hacemos el amor, sólo reímos y después de un rato te contagio de rabia porque no soportas que meta tato bullicio.

Luego de unos años, estoy contenta con el auto que nos regalaron, con claridad se ve que nunca podrás manejarlo, aunque siempre serás el señor copiloto donde percatas el motor suave y programas la música que tanto te gusta. Creí que llegaría tarde a nuestro encuentro, pero no fue así; el señor chofer fue más precavido y se vino por la carretera. Imagínate mi cuerpo lo sudado que está, el calor es exuberante y decidí venir a verte con dos camisas porque con una se me notan los rollitos. Qué decir de ti, eres un muchacho al revés que te la pasas con frió, claro que ahora es más entendible en tus condiciones, ojalá entiendas las mías.

Los dibujos los fui a buscar a la casa de tu madre (no me acordaba de algunos, te hice demasiados) y los pegué todos encima, se ven preciosos ¿logras verlos? en caso que no puedas, sé que los sientes. Sobre tus cartas; solo una llevo en mi bolsillo, me dijiste que si alguna vez quiero reclamarte por algo, que lo hiciera con toda confianza porque nunca te he alegado nada.
Lo que más remarcaste es que fuera en un momento como éste, porque sabías que llegaría. Tu costumbre de hacer bromas. Donde te encuentras a no sé cuántos metros bajo tierra, que te veo siempre vestido de gris cemento, cubierto por los dibujos que te hice y yo con esta ropa blanca y con los brazos atados a la fuerza, despeinada y atolondrada. Controlada por el enfermero que maneja y me trae a visitar tu tumba todos los lunes, porque es el único día donde la inyección me hace efecto. Y tú de hábito, ninguna palabra, sólo oyes.
¡Dijiste que nunca soltarías mi mano! ¡Me prometiste tú! ¿Por qué me has hecho esto? Yo nunca te he dañado tanto como lo estás haciendo ¡Me dejaste aquí, dijiste que viajaríamos juntos! Eres un insensato... ¡INSENSATO!

Y como todo lunes y como todo treinta de fin de mes, me hace gritar a través de mi habitación bajo mil refuerzos, que te amo como a nadie, siempre serás mi vida (cuerda o no, es vida de todas formas). Y que nuestro amor hasta en la muerte menos esperada, perdura hasta el fin de los tiempos.

Con locura y pasión...Tu bebé.-

PD: Ahí tienes el alegato que tanto esperabas.-



1 comentario:

Susurro lascivo dijo...

Vaya... qué curioso... pero me ha encantado!